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Autor: DiarioDeValdivia , 24 de julio de 2020

¿Estamos nuevamente en riesgo?

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[Opinión Mariana Campos Fundación Plantae] Hoy se cumplen 60 años desde que se liberaron las aguas del río San Pedro acumuladas tras el gran terremoto debido al derrumbe de sus inestables laderas. 

Durante dos meses, hombres pala en mano, trabajaron sin parar con el fin de evitar un desastre mayor. 

En la misma zona, y casi medio siglo después, la empresa Colbún comenzó a construir la Central San Pedro... pero las faenas fueron detenidas. ¿La razón? Entre otras cosas, la calidad de la roca no soportaría bien las instalaciones. 

Cada cierto tiempo, es necesario detenerse y reflexionar cuánto y cómo hemos aprendido. Por eso hoy, cuando recordamos la hazaña que salvó miles de vidas en el Riñihuazo, miramos hacia atrás y vemos lo que la naturaleza y su fuerza impredecible nos ha enseñado. 

Justo después del gran terremoto que cambió de forma radical la historia de Valdivia y otras localidades de nuestro territorio, otra gran emergencia comenzó a levantarse en lo que en esos años era parte de la Región de Los Lagos: el gran movimiento de la tierra, provocó el derrumbe de laderas y posterior taponeo del cauce del río San Pedro, por donde naturalmente desagua el lago Riñihue y los llamados 7 lagos. En total fueron 3 grandes “tacos”, de los cuales el más grande llegó a los 60 metros de alto. Había que actuar rápido y se optó por hacer canales mediante los cuales se liberarían las aguas contenidas. De no haberlo hecho, el agua hubiese sobrepasado el tercer taco y todas las localidades ribereñas, incluyendo Valdivia, hubiesen terminado bajo el agua. 

Tras dos meses de un trabajo colaborativo sin precedentes, entre hombres pala en mano y maquinaria pesada, se lograron cavar los canales necesarios. 

El 24 de julio, las aguas del Riñihue finalmente comenzaron a fluir río abajo.

Hombres cavando canales para el desagüe FUENTE: Leopoldo Castedo

¿Estamos expuestos a que se repita la historia? Nadie tiene la respuesta, pero en la zona abunda la preocupación, y no es antojadiza. 

El gran y majestuoso río San Pedro, además de recibir el agua de 7 lagos chilenos y 4 argentinos, forma parte de una cuenca hidrográfica muy compleja. Gracias a la gran cantidad de agua que reúne, se convirtió en objeto de deseo para la Empresa Colbún, que el año 2007 presentó su proyecto “Central Hidroeléctrica San Pedro”. Las obras se situarían, muy cerca del lugar donde en 1960 se produjeron los deslizamientos de tierra. Pese al temor de la comunidad y la férrea oposición al proyecto, Colbún consiguió la aprobación para represar el San Pedro el 22 de octubre de 2008.

Pero, ¿la empresa, constató la calidad de la roca para instalar la base de la represa y la ubicación de los anclajes? ¿Hubo un estudio acucioso sobre el terreno en el cual está montado el proyecto?, al parecer no adecuadamente. 

Además del inevitable impacto ambiental que un proyecto de estas características genera en la zona, reconocida en todo el país por su riqueza de fauna íctica (peces), turística y ecosistémica, el temor y rechazo hacia el proyecto cobra aún más sentido cuando a comienzos de 2011 la obra fue paralizada porque su riesgo a la seguridad de las personas era inminente: “las obras constructivas se suspendieron temporalmente con el objeto de realizar estudios topográficos, geotécnicos y geológicos adicionales, debido a que se encontró roca de mala calidad en la ladera norte y a la detección de movimiento en los taludes y ladera sur”(1), expone Colbún en la web dedicada al proyecto San Pedro. 

Más claro es el resumen ejecutivo del Proyecto de Adecuación presentado por la empresa ante el SEIA en 2015: “las nuevas condiciones geológicas se pueden clasificar en tres grupos: (i) movimientos locales en la ladera sur, (ii) grietas en la ladera norte y (iii) fallas en el cauce del río”(2).

Imagen comparativa entre la zona donde se produjeron los tacos en 1960 y el lugar donde están proyectadas las intalaciones del proyecto de Colbún. FUENTE: Fundación Plantae

Si a estas razones, le agregamos que la zona de construcción de la central está en la falla geológica Liquiñe-Ofqui, conformada por las conocidas placas Nazca y Continental, no es descabellado preocuparse, ya que estas tienen un extenso registro de maremotos y terremotos (3).

Entonces nos preguntamos: si la represa que pretende construir Colbún se rompe, ¿tendremos la oportunidad de realizar un trabajo heroico que conlleve a un desagüe lento, como se logró para el Riñihuazo?, es muy probable que no. ¿Estamos dispuestos a arriesgar la vida de los habitantes de nuestro territorio en favor de un proyecto riesgoso y desalineado con la vocación territorial? 

A propósito de la conmemoración del Riñihuazo, es bueno que refresquemos la memoria. En tiempos en los que muchas de las decisiones importantes se toman bajo la influencia y presión de grandes empresas, es fundamental analizar el curso de la historia para que la seguridad y bienestar de las personas -y no la porfía y ambición empresarial- pase de una vez por todas, a ocupar el primer lugar en la lista de prioridades. 

(1) www.centralsanpedro.cl

(2) http://seia.sea.gob.cl/documentos/documento.php?idDocumento=2130539216

(3) Palma, Lorenzo. Historia de la Central Hidroeléctrica San Pedro. El cuestionado proyecto de Colbún S.A. Ediciones Kultrún, 2019. Pág. 95

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