El siglo XIX fue una centuria de avances para Valdivia y de todo lo que comprendió su territorio, sin embargo el aire aventurero estaba latente, pues había kilómetros por conocer y civilizar de mar a cordillera. Estaba en boga la llegada de colonos europeos, el avance del ferrocarril y los roces del Estado chileno con el pueblo mapuche, características que le daban cierto aire de "Far West" al sur chileno.
En el verano de 1863, cuando Chile y Argentina aún no definían sus fronteras en la cordillera, un explorador vivió una aventura digna de novela o de una película. Su nombre era Guillermo Cox Bustillos, un penquista descendiente de galeses, quien emprendió un viaje audaz que lo llevaría desde Valdivia hasta el misterioso "País de las Manzanas" (Puelmapu, actual Neuquén, Argentina).
En dicha aventura, Cox y sus compañeros de viaje fueron hechos prisioneros de los pehuenches y, posteriormente, se involucró en un intento de rescate de sus amigos de expedición.
Su travesía, más que una simple expedición, reveló la intensa vida social y económica que pulsaba a ambos lados de los Andes, además de un territorio mapuche autónomo que el Estado chileno anhelaba colonizar.
La aventura de Cox fue contada en el libro que él redactó y tituló "Viaje en las regiones septentrionales de la Patagonia 1862-1863" y que posteriormente fue estudiado por un equipo interdisciplinario de arqueólogos e historiadores que recorrieron los pasos de Cox, siguiendo la ruta que el explorador utilizó para regresar a Valdivia, en una misión tan insólita como la de su viaje original: pagar un rescate por sus peones.
El periplo de Cox de 1862 a 1863 fue, en realidad, doble y estuvo marcado por la adversidad. El explorador había partido inicialmente desde Puerto Montt, cruzando los Andes por el sur (paso Peulla, cerca del Tronador).
Su plan era ambicioso y consideraba navegar el río Limay, en Argentina, hasta el Océano Atlántico, siguiendo la ruta hasta Carmen de Patagones.
Pero ese primer intento terminó de forma abrupta. Después de construir una balsa en el lago Nahuel Huapi, Cox y su comitiva naufragaron en los rápidos del río Limay y acto seguido, fueron capturados por gente del cacique pehuenche Paillacán el 8 de enero de 1863, siendo forzados a regresar, pero dejando a dos compañeros en cautiverio, un carpintero y un peón cuyos nombres era Juan Soto y José Díaz.
Paillacán le recalcó a Cox que podría haberlo matado de inmediato, pero Cox inventó una historia, haciéndose pasar por un marino inglés que quería navegar el río Limay para alcanzar una ruta hacia Buenos Aires para cobrar una supuesta herencia. Sólo así fue liberado, pero no sus dos compañeros.
Cox tuvo que volver a Chile, específicamente a Valdivia, para reunir los "regalos" necesarios para el pago y es así donde se inicia un segundo viaje, de ida y vuelta a la cordillera por un boquete de Llifén, el paso Lilpela.
El 8 de febrero de 1863 la caravana partió desde Valdivia. Cox se alojó en Arique en la casa de Francisco Lagisse, un colono alemán. El detalle curioso es que Lagisse era dueño de una de las fábricas de aguardiente de grano que se utilizaba como moneda de cambio principal para el ganado pehuenche traído del otro lado de la cordillera.
Así, el aventurero logró reunir aguardiente, escopetas, pólvora, cornetas, ropa, cuchillos, pañuelos, añil y cuentas de vidrio. Lejos de aventurarse en el vacío, Cox transitó por circuitos previamente conocidos.
La expedición constató, a través de archivos parroquiales, que la densidad poblacional mapuche era importantísima, desmintiendo la idea de un territorio vacío. Cox observó en su camino que en las chacras solo encontró mujeres, ya que los hombres estaban de travesía en el Puelmapu con sus "conchavos" ganaderos (negocios), lo que subraya la movilidad transcordillerana de la sociedad mapuche.
En la travesía Cox conoció a un personaje que lo sorprendió gratamente, se trató de el "viejo Olavarría", un anciano de gran lucidez que le narró su experiencia de la década de 1790, acompañando al padre Menéndez en sus misiones transcordilleranas. Cox expresó sobre él: "cosa increíble que después de setenta años, este anciano tuviese la memoria tan fresca". Su guía en el viaje era Vicente Gómez, nieto de Olavarría, quien continuaba la tradición familiar de ser baqueano de la ruta.
Además de Vicente Gómez, Cox partió junto a un francés llamado Enrique Lenglier, eximio fumador de cachimbas, y catorce peones, de los cuales nueve regresarían desde la orilla del Nahuel Huapi, una vez construida allí mismo una embarcación.
El viaje de Cox buscaba develar el secreto mejor guardado de las jefaturas mapuche: abrir la vía Valdivia - Carmen de Patagones, un eje comunicacional, económico y político que había sido clave desde la fundación de Patagones en 1779.
El explorador dedicó su libro al diplomático Woodbine Parish, justificándolo por el estímulo que le dio la lectura de un libro de aquél, que en 1839 señalaba las "inmensas ventajas" de una comunicación entre el Atlántico y la Cordillera por medio del río Negro y el lago Nahuel Huapi.
El "País de las Manzanas" (o Puelmapu, "Tierra del Este" en mapudungun) era un vasto territorio al este de la cordillera, en lo que hoy es la provincia argentina de Neuquén. Este territorio era dominado por importantes jefaturas (lonkos), como la de Valentín Saygüeque, y se caracterizaba por sus ricas tierras.
El nombre del país proviene de las grandes extensiones de manzanos, introducidos originalmente por los españoles, que proveían una base alimentaria importante y la materia prima para el "chicha".
Pasada la frontera, los expedicionarios tuvieron otra sorpresa, encontraron a los dos rehenes que lograron escapar de su cautiverio y que eran buscados por los pehuenches, pues se difundió el rumor de que Guillermo Cox llevaba bebidas envenenadas.
El expedicionario tomó contacto con el cacique Inacayal, quien mostró simpatía hacia Cox y su gente. Cox escribió de él: "Daba gusto verlo tan bien montado en su overo, con frenos, copas y estribos de plata, chiripá de paño fino y, a veces, una chaqueta de caballería que le había regalado el gobierno argentino. Era un espectáculo la destreza con la que boleaba avestruces asegurando, con genuina humildad, que eran cosas que podía hacer cualquiera".
Inacayal acompañó al aventurero ante Paillacán, pero el cacique lo recibió mal y se negó a recibir los regalos. Luego fue conminado a retirarse de las tierras. Pese a ello, Inacayal demostró lealtad a Cox y sus hombres y igualmente se ofreció a llevarlo a Carmen de Patagones porque, según él, le había dado su palabra, pero Cox le hizo desistir porque no era su intención enemistarlo con los caciques de la zona.
Así, Cox regresó con su gente a Valdivia, pero con el conocimiento de las tierras del País de las Manzanas en una época en que la colonización de las tierras mapuches aún no estaba consolidada, tanto en Chile como en Argentina.
Guillermo Cox no volvió a realizar una expedición similar y decidió regresar a su natal Concepción para ejercer la medicina, después se hizo viñatero en Chillán y terrateniente en la región del Biobío. También presidió el viceconsulado de Suecia y Dinamarca hasta que se casó con Loreta Méndez y fue padre de diez hijos, entre ellos el ilustrador Nataniel Cox y el político Guillermo Cox Méndez.
Guillermo Cox falleció en 1908, a los 80 años, cuando las tierras de Paillacan ya formaban parte de Argentina en un proceso en el que ayudó otro expedicionario como él, Francisco Pascacio Moreno, el famoso Perito Moreno, cuya tesis terminó pesando sobre la de Diego Barros Arana para definir los actuales límites de Chile y Argentina. Recibe nuestras noticias en: WhatsApp | Instagram | Newsletter.
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