Opinión
Por Mario Guarda , 12 de julio de 2023 | 12:09

Sor María Deogracia: la huella de una mujer que marcó a Futrono (Primera parte)

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La religiosa llegó a Futrono en 1961, asumiendo como profesora y directora de la Escuela Parroquial Nº30. Créditos: Cedidas.
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En el 82º aniversario de la comuna de Futrono, recordamos a la profesora y directora de la escuela que hoy lleva su nombre, impulsora de grandes proyectos en favor de la educación y el bien común de Futrono.

“Yo soy una monja porfiada”.

De esa forma Sor María Deogracia se autodefinía cuando abordaba un desafío y no se amilanaba frente a los obstáculos hasta conseguir los objetivos que se proponía, siempre pensando en el bien de la comunidad de Futrono. 

Recordada como emprendedora, dinámica, tenaz, enérgica y dueña de un fuerte carácter, Sor Deogracia fue en su época la voluntad que movió un importante motor de desarrollo para la comuna, aunque su imagen está más asociada al ámbito educacional. 

Por lo anterior, el colegio que dirigió por décadas hoy lleva su nombre, aunque apoyó diversas iniciativas de orden social, cultural y productivo. 

“¡Ella movía el mundo entero! Creo que todos conocimos a una mujer extraordinaria, fuera de lo común”, afirma la profesora Thelma Vásquez, rememorando a la religiosa y su profunda influencia en la comuna. 

Arribo desde Alemania 

Sor María Deogracia nació el 31 de mayo de 1909 en Murg, Alemania, a orillas del río Rin en la frontera con Suiza, siendo bautizada con el nombre de Emma Slachter Uckert. 

Con los años ingresó al convento de las Hermanas Misioneras Franciscanas y comenzó su vida de servicio religioso en 1934, ofreciéndose para servir en Chile. 

En 1937 llega a nuestro país junto a otras 11 hermanas franciscanas, desempeñándose como profesora en Purulón, comuna de Lanco, donde se encuentra la casa madre de su congregación. Posteriormente prestó servicio en Quilche, Malalhue y la comuna de María Pinto. 

Llegó a Futrono en 1961, asumiendo como profesora y directora de la entonces Escuela Parroquial Nº30, más tarde Escuela Particular Nº45. Fue conocida por su frase rectora: “Con Dios somos todo, sin Dios somos nada”, poniendo toda su energía y convicción en mejorar la educación en la comuna. 

Premunida de un natural carisma, ejerció un liderazgo indiscutido no solo tras las paredes del colegio que dirigía, sino también en la comunidad futronina en general.

Era capaz de convencer a cualquier persona de seguirla, de apoyarla y de hacer propias las ideas y proyectos que proponía en favor de todos. 

De profesores y estudiantes 

Thelma Vásquez, dice que pudo seguir estudios superiores y luego trabajar como profesora en el Colegio Particular Nº45, gracias al apoyo de Sor Deogracia, a quien conoció en Villarrica, por eso guarda un cariño muy especial hacia ella. 

También menciona que la religiosa siempre estuvo preocupada del bienestar de los docentes. 

“Se preocupó mucho que los profesores que trabajaban con ella tuvieran sus títulos”, afirma, en una época en que había flexibilidad para que ejercieran sin haberse titulado.

Agrega que la religiosa con su característico acento alemán les advertía: “Más adelante no se va a permitir que un profesor sin título haga clases”. 

También menciona que el perfeccionamiento de los docentes siempre fue una preocupación para Sor Deogracia; de hecho, cada verano debían realizar cursos de formación para fortalecer sus trabajos en la docencia. 

“Me decía a mí, señora Thelma usted este verano va a ir a Santiago a estudiar Educación Física. Ella no te preguntaba si tú lo querías hacer, pero te lo indicaba de una manera que no le podías decir que no, una manera muy especial y convincente de proponer las cosas, sin faltar el respeto”, señala. 

De esa forma, los profesores antes de fin de año sabían que debían tener una respuesta a la inevitable pregunta de la directora. “Un profesor que no se forma no es un buen profesor”, dice Thelma Vásquez sintetizando la inquietud de Sor Deogracia. 

“Ella los mandaba con los gastos pagados, a buenos alojamientos, para que se preparen”, complementa el exprofesor del establecimiento, Octavio Cazaux. 

Preocupada de sus estudiantes, aunque también estricta y exigente, no son pocos quienes recuerdan haber recibido un coscacho o un tirón de patillas de parte de la directora, en una época en que el castigo físico era habitual y tolerado, incluso “encargado” por muchos padres a los profesores con tal de llevar al hijo o hija por el camino recto. 

Aun así, prevalecen en la memoria los valores que ella inculcó y el cariño por el establecimiento que dirigió, en especial el sentido de comunidad que se practicaba. 

Banda Escuela Misional Nº30, año 1962. Créditos: Octavio Cazaux.

Por ejemplo, cuando llegaba leña al colegio, Sor Deogracia llamaba a los estudiantes y formaba una cadena humana para llevar la leña hasta donde quedaba guardada. 

“Toda la leña se guardaba en menos de media hora, y después mandaba a todos a lavarse las manos y les entregaba pancito caliente con queso, con alguna cosa. Eso era costumbre, a los niños se les enseñaba a colaborar. Realmente era una comunidad en que todos aportábamos”, expresa Thelma Vásquez. 

En la escuela hubo internado de niñas, dirigido por algunas religiosas lógicamente, que albergaba a más de un centenar de menores de lugares lejanos de la comuna y con muy mala conectividad. No siempre podían viajar a sus hogares en todo un semestre. 

“Venían desde los lugares más apartados y cordilleranos a estudiar acá, de la isla Huapi, de Rupumeica. Había muchas niñas que pasaban en el internado el semestre completo porque no tenían locomoción, las que vivían en la isla en invierno no viajaban. El internado era como un hogar”, señala Vásquez. 

Centro productivo y labor social 

Quienes conocieron a Sor María Deogracia concuerdan en que no había detalle que se le pasara, siempre pensando en fortalecer ese gran centro que fue el colegio, para bienestar general. 

Así es como se preocupó de aprovechar los recursos propios, entre ellos la barraca, el huerto o la crianza de cerdos. Todo ello conllevaba trabajo. 

“Arrendaba campos a medias con el Padre Jaime, o le facilitaban hectáreas de terrenos para sembrar papas y trigo que se cosechaba y también se repartía a la gente”, recuerda Octavio Cazaux. 

Hermana Deogracia, que enseña en Chile, regresa a Alemania después de 14 años. Recorte de un diario alemán de 1982.

Recibía ropa de segunda mano que llegaba desde Alemania, también alimentos desde Cáritas Chile, que se distribuía entre los más necesitados.   

“Se hizo una tremenda labor social que hoy no ha sido reconocida”, añade Cazaux, rememorando especialmente la época de la crisis económica de principios de los años 80, de mucha necesidad entre las familias más vulnerables. 

El exalcalde también señala que otra preocupación de Sor Deogracia, fue traer cultura a Futrono. 

“La cultura es educación también, aquí hay mucho trago, decía. La gente que juega futbol después se pone a tomar, así que hay que dar otro tipo de entretención a las personas”, dice. 

Así fue como se hizo un convenio con la Unidad de Cultura de la Municipalidad de Valdivia, de modo que las actividades culturales que llegaban a Valdivia venían también a Futrono, con espectáculos de ballet, teatro, cine, entre otros. 

“Lo hacíamos en el gimnasio de la escuela. Tremendos espectáculos con cero peso, tan solo entregando alimentación”, revela Cazaux, agregando que con el tiempo esa dinámica cultural dio origen a un Festival de la Voz Estudiantil, con participación de niños y jóvenes de todo Chile. 

Como anécdota, en la tercera versión de ese festival, los ganadores fueron dos hermanitos que por primera vez se subían al escenario de un festival, se presentaron como “Los Hermanos Vásquez”, hoy son conocidos nacionalmente como “Los Vásquez”. 

Si llegó hasta el Papa, podía llegar a cualquier parte

También es recordada su faceta amistosa, como comenta Mirtha Castillo, revelando que cuando contrajo nupcias con el profesor Jaime Rozas, Sor Deogracia fue su madrina de matrimonio.

Hasta allí todo bien salvo un detalle, las religiosas no pueden asumir dicha responsabilidad en el enlace católico.

Y la religiosa se la jugó para no faltar ante la pareja; así que, decidida como siempre, gestionó un permiso ante el propio Papa de la época para cumplir con su compromiso, y obtuvo la autorización del Vaticano.

“Yo soy una monja porfiada”, la frase resume la forma en la que ella conseguía lo que consideraba era lo justo, sin importar la magnitud del desafío. Si era capaz de llegar con una petición hasta el Papa, entonces podía llegar a cualquier parte y a cualquier persona para desarrollar un proyecto.

Y no fue novedad la manera en la que logró aunar voluntades en una virtuosa red de cooperación, para levantar el que debe haber sido su mayor proyecto material y social en sus años viviendo y trabajando en Futrono: el Liceo San Conrado.

En la segunda parte de esta revisión de la vida y obra de Sor María Deogracia (viernes 14 de julio), se abordará el origen y construcción del Liceo San Conrado, así como un proyecto grandioso que no llegó a materializarse, terminando con los recuerdos de un reconocimiento de nivel nacional que recibió en sus últimos días de vida. 

En el 82º aniversario de la comuna lacustre, recordamos a la impulsora de grandes proyectos educacionales y sus últimos días de vida.

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